© Daniel Zupanc

Un paseo entre tiburones y rayas

Hace tiempo que los túneles en la base de los acuarios han dejado de ser una rareza. La Casa del Mar en Viena va un paso más allá: aquí los visitantes caminan en un acuario submarino por un tubo cerrado de PLEXIGLAS®.

El niño de tres años rebosa de entusiasmo. Una y otra vez estira sus manitas para agarrar la raya que pasa nadando frente a ella, pero termina siempre tocando la plancha casi invisible de cristal acrílico. Mientras tanto, la raya gira con un impulso elegante y muestra su lado inferior, que tiene el aspecto de una cara risueña. También los adultos están fascinados por el nuevo Túnel del Atlántico en la Casa del Mar en Viena: parece como si realmente estuvieran en mitad del mundo submarino.

“Nuestra meta era simular prácticamente una inmersión en el Atlántico para nuestros visitantes”, explica el director de la Casa del Mar, Hans Köppen, acerca de esta nueva atracción turística de Viena. Y esto se ha conseguido, o al menos eso es lo que sugieren las reacciones de los visitantes. Pero no es solo la diversidad de la fauna lo que impresiona. Más única todavía es la sensación de pasear por el mundo submarino a través del acuario y experimentar el universo acuático en tres dimensiones, situándose por debajo, por encima y al lado de los peces, las plantas y la árida formación rocosa del Atlántico.

Un perfeccionamiento de los grandes acuarios

La seguridad es lo primero

El tubo de PLEXIGLAS® tiene un peso propio de 15 toneladas. Gracias a ello, el tubo podría soportar una presión de hasta 70 megapascales, aunque el máximo que puede presentarse es de tres. Dicho de otra forma: si se colocaran dos camiones totalmente cargados sobre el tubo, este únicamente cedería 1,5 milímetros. “Precisamente con el cristal acrílico de marca de Evonik podíamos ir sobre seguro”, declara Thilo Üblagger, responsable de materializar el proyecto.

Esto solamente es posible gracias a un diseño que no tiene parangón. El tubo de diez metros de longitud, fabricado completamente en cristal acrílico, no está anclado al fondo a diferencia de los túneles de acuario habituales, sino colocado sobre dos puntos fijos y suspendido a lo largo del depósito. “Esto era necesario, ya que debido a la profundidad del depósito no había otra forma de poder construir sin barreras”, revela Köppen. Sin embargo, esta exigencia supuso un gran desafío para la construcción, puesto que un tubo de diez metros de largo, lleno de aire y en suspensión a unos dos metros por debajo de la superficie en un depósito con seis metros y medio de profundidad desea hacer una cosa ante todo: ir hacia arriba. La presión en la superficie del Túnel del Atlántico es de 65 toneladas. Una carga enorme no solamente para la estructura de soporte, en este caso, agujeros fresados en una antigua pared de un búnker de hormigón, sino sobre todo para el propio material del tubo. Este debe soportar la enorme presión, no puede doblarse y mucho menos romperse.

Por ello, los proyectistas hicieron frente a este empuje ascendente con un espesor de PLEXIGLAS® de 120 milímetros. El cristal acrílico de marca de Evonik es extremadamente robusto y su forma es muy estable, además, con los conocimientos técnicos adecuados puede unirse de manera invisible. Finalmente, el tubo totalmente acristalado tuvo que producirse a partir de dos semicilindros. “Muchas empresas son capaces de ensamblar piezas de cristal acrílico más pequeñas. Un sistema de tubo cerrado, situado en horizontal por debajo del agua a lo largo de diez metros de longitud es algo que nadie había intentado hacer antes”, relata Thilo Üblagger, director de k-tec GmbH en Salzburgo, la empresa encargada de realizar el proyecto.

Un año para el desarrollo

Un sistema de tubo cerrado, en horizontal bajo el agua con diez metros de largo es algo que nadie había intentado hacer antes.

Thilo Üblagger
Director de k-tec GmbH

Por ese motivo, Üblagger y su equipo, junto a expertos en acristalamientos especiales de Evonik, probaron todos los procesos para el tubo en varias piezas pequeñas durante una fase de desarrollo de un año. Determinaron por ejemplo la manera exacta de poder moldear los dos bloques de PLEXIGLAS® de diez metros de largo, calcularon la temperatura óptima a la que debían ensamblarse los polímeros y analizaron la anchura necesaria de las juntas de adhesión y otras condiciones. Pese a todo, el día en el que se unieron entre sí los dos semicilindros premoldeados reinaba un marcado suspense. “Disponíamos de un solo intento”, recuerda Üblagger. “Los semitubos superior e inferior debían ensamblarse de forma totalmente síncrona con una exactitud milimétrica”. Si no se hubiera logrado, el proyecto de 3 millones de euros se habría ido a pique.

Vista libre de distorsiones

No obstante, el equipo interdisciplinario de expertos en termoformado, técnicos de estanqueidad, especialistas en estática, biólogos marinos y técnicos de procesos había efectuado un trabajo perfecto durante la planificación, la fabricación y el montaje: los puntos de adhesión del tubo se ensamblaron sin costuras. La ilusión de deambular por el mundo submarino es perfecta. Para ello era importante que el material empleado para el tubo no solamente soportara las fuerzas extremas, sino que también resultara ópticamente convincente: “PLEXIGLAS® permite una vista libre de distorsiones”, aclara Üblagger. Así, los animales se ven en el agua como realmente son, sin tintes verdes ni enturbiamientos, en las proporciones y formas correctas, y el fascinante mundo submarino queda al alcance de la mano.