Plexiglás volador en Greifswald de manos del artista Dietrich Förster

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Volando como hojas de papel

Para que las hojas pudieran echar a volar, el artista Dietrich Förster emprendió la búsqueda del material adecuado. Su obra “Transfer” parece ser de papel, pero realmente está hecha de PLEXIGLAS®.

El punto de partida para las obras de arte en espacios públicos es generalmente un concurso. Ese fue el caso de "Transfer” de Dietrich Förster, objeto con el que el artista se presentó al concurso alemán “Arte en la construcción” en 2016. La tarea consistía en diseñar el espacio interior de la biblioteca de la Universidad Ernst-Moritz-Arndt de Greifswald. “Nada más ver la sala de 21 metros de altura, me vino a la mente una idea: orden y libertad”, comenta Förster. “Y pensé de inmediato en hojas de papel volando”. Un concepto original que logró convencer al jurado.

Símbolo de la transferencia del conocimiento

El título “Transfer” le fue inspirado a Förster por los arquitectos de esta biblioteca universitaria. “Ellos se referían siempre al edificio como a un gran almacén del conocimiento”, añade Förster. Pero él no veía ningún atractivo en el simple almacenamiento del saber. Con su obra “Transfer”, el artista pretende señalar que la utilidad de este almacén del conocimiento solo se manifiesta al efectuarse la transferencia de ese conocimiento a los usuarios. Este artista experimentado en instalaciones de gran tamaño no lo pensó dos veces. “Hay que hacer algo flotante”, se dijo. Pero ese “algo” no debía oscurecer el interior ni bloquear la visibilidad. Dado que el edificio es más bien sobrio –lo que contrasta enormemente con los coloridos libros–, Förster decidió renunciar al uso de color.

Imitación de materiales

Para esta obra, el uso de papel no era una alternativa. “Quería realmente acercarme lo más posible a la apariencia del papel”, apunta Förster. No obstante, el papel no hubiese sido el material adecuado para una instalación concebida de forma permanente, ya que pronto perdería su tirantez y quedaría colgando flácidamente hacia abajo. Además, el papel se torna amarillo con el tiempo. “Creo que sería muy poco translúcido para parecer blanco a contraluz”, explica Förster. Por ello, el artista encomendó a la empresa austriaca k-tec –los especialistas del plástico a quienes Förster ya conocía de otra instalación– la búsqueda de un material que se asemejara al papel, fuera termoformable y además translúcido, es decir, de aspecto opalino. Y ellos dieron con PLEXIGLAS® XT Film blanco 99532.

¿Qué requisitos debe cumplir un material para asemejarse al papel?

Para Dietrich Förster, el material debe tener un color, una translucidez y una estabilidad en tensión adecuados, además de resistir permanentemente la radiación UV. “Tampoco se debe volver amarillo”, agrega Förster. “PLEXIGLAS® tiene todas estas propiedades y es un material fácil de trabajar que ya he utilizado con agrado en otros proyectos y seguiré utilizando en el futuro”.

© Dietrich Förster, Kunst im öffenltichen Raum / Profilwerkstatt

Resistente a la radiación UV y termoformable

“Había otros materiales más económicos, pero esos no ofrecían una resistencia permanente a la radiación UV como lo hace PLEXIGLAS®”, destaca Förster. El cristal acrílico de alta calidad de Evonik tenía, no obstante, una peculiaridad: su brillo. “Por eso, k-tec tuvo que deslustrarlo”, añade. Pero los encargados de esta tarea eran verdaderos profesionales: dado que el material fue pulido en húmedo, no se percibe ningún rastro de pulido en las hojas de PLEXIGLAS®. De ese modo, k-tec elaboró cerca de 7.000 hojas de PLEXIGLAS® mate en formato DIN A4. Para crear la sensación de papeles volando, estos expertos del plástico termoformaron además otras 70 hojas de PLEXIGLAS®.

Sujetas con nylon

Desde marzo de 2017, en la biblioteca de la Universidad de Greifswald vuelan hojas hasta el tercer piso desde una pila situada en la planta baja. “La pila de hojas de la planta baja tiene mi misma altura –es decir, 1,80 metros– y aproximadamente mi mismo peso“, comenta Dietrich Förster. “Para los visitantes es una especie de encuentro con otra persona al entrar a la biblioteca”. Y no se trata de un solo bloque compacto de PLEXIGLAS®. Förster apiló con sus propias manos las hojas de 0,5 milímetros de espesor. “Tenía que parecer un montón de papeles apilados a mano”, aclara el artista. Y para que a ningún estudiante se le ocurra la idea de ordenar la pila de papeles, Förster pegó cada una de las láminas de PLEXIGLAS® directamente a dos tubos internos de acero inoxidable, lo cual aporta estabilidad a la pila.

Sujeción invisible

Förster fijó otras 70 hojas sirviéndose de una estructura casi invisible de hilos de nylon. “Para ello se han utilizado solo hilos horizontales y verticales, ya que estos se integran discretamente en las líneas arquitectónicas ya existentes”, explica Förster. Así se crea la sensación de que los papeles salen volando.